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Miedos infantiles

febrero 17, 2012 in Hoy escribe:, Microrrelatos de ClubSeis, Uncategorized

Uno de mis géneros favoritos, sin duda alguna, es el microrrelato o relato hiperbreve. Condensar principio, nudo, desenlace, personaje/s y situación en apenas un par de líneas es un reto digno de abejas obreras encajonando panales en cualquier brecha que surja. Pero empezar, como anteriormente comenté en otro postno es nada fácil. Aquí es donde mi cuenta de Twitter @microversos se convierte en un pozo de ideas. Pido temas a los tuiteros presentes a cambio de dedicarles cada microrrelato que sea tuiteado. Yo pongo la madera y ellos, la chispa que enciende la fogata de mi musa creativa.

En este caso en particular, el tema ya estaba seleccionado (“miedos infantiles”) a razón de un primer micro que escribí sin colaboración previa:

Desavenencias entre competidores por querer fidelizar al mismo cliente. Pedrito presencia una discusión entre el coco y el hombre del saco.

Pero como no quería que la cosa quedara así, pedí sugerencias sobre otros miedos infantiles que pudieran inspirarme. ¿La estrategia? Coger esos miedos y fundamentarlos, transformarlos o ironizarlos. Y aquí está el resultado:

BRUJAS

“Antes, las brujas de verdad dábamos miedo y ahora, ¡somos héroes! ¡Qué desfachatez!”, confesaba la bruja en un programa de prensa rosa.

EL ESPEJO

La primera vez que se miró a un espejo, casi se desmaya. Sus padres no le habían dicho nada sobre un hermano gemelo.

ESTATUAS

En la boda, el niño preguntó de quién era familia ese señor tan estirado. “Es un santo”. No lo entendió y le dijeron que era familia del cura.

OLVIDADO

A Juanito ya no le gustaba jugar al escondite. Se escondía tan bien que tenía miedo de que olvidaran que existía.

LA MUÑECA DE PORCELANA

Le compraron una bella muñeca de porcelana. Pero ella no quería ni verla. Sabía que aquel inmutable rostro ocultaba un ser sin corazón.

MARIPOSAS

“Mamá, si a ti te dan asco los murciélagos porque son ratas con alas, ¡a mí me dan asco las mariposas, son gusanos con alas!”

POZO SIN FONDO

Dani no entendía eso de plataforma continental. Hasta que nadando se encontró sobre un oscuro fondo abisal. Casi se olvida de nadar.

OSCURIDAD

Lorenzo temía la oscuridad desde que era pequeño. Se le quitó el día que pagó su primera factura de la luz.

RATAS Y RATONES

El cuarto de los ratones le daba mucho miedo. Cada dos por tres encerraban ahí a una cría humana que no le dejaba en paz.

PERROS

De pequeño le daban miedo los perros grandes. De grande, los pequeños. Sobretodo el perrito de la vecina, alias “infernal ladrador nocturno”.

 

PAYASOS

Laurita no veía la gracia. Aquellos tipos del circo, tan tontos y torpes, se pintaban la cara igual que los que atracaron el banco de papá.

MONSTRUOS NOCTURNOS

¿Qué pasó con los monstruos nocturnos? ¿Murió el último? ¿O se mataron entre ellos?

CRECER

Crecer, para un niño, es como hacer puenting: da miedo y es emocionante a la vez.

*Gracias a @Antonomasico@principeroxido@DezEnano@Home_r@Softhands66,@jfravelo@Yosoytutarget@cbanys@ClakClakMoncho@Desvestida@CobayaHumano,@MrBlackChip@48Saky y @twiterodebabel por proponerme sus miedos infantiles.

Fuente: Ecologismo Literario. Post original aquí.

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Dónde sembrar un haiku

febrero 14, 2012 in Haikus, Hoy escribe:, Uncategorized

Por Otramaría *

Aunque nací en la ciudad de Mérida, poco tiempo después de cumplir un año me mudé con mi familia a la casa de campo de mis abuelos a las afueras de Orizaba, Veracruz, donde viví hasta los diez años. Mis recuerdos de la infancia contemplan las excursiones a los cerros vecinos, las horas mirando a los pájaros que jugaban frente a la gran ventana de la cocina o mi actividad favorita: mecerme en el columpio de madera, desde donde veía el establo de las vacas, los árboles de nogal y de aguacate, los cerros azules que se crecían y se achicaban dependiendo de la altura que alcanzara yo en el columpio.

Cuando me mudé a Santa Catarina, una finca en el centro del estado de Yucatán, donde mi familia se dedicó a la agricultura y la crianza de cabras lecheras, viví en constante intercambio vital con vivaces plantas silvestres, pájaros tercos que querían hacer su nido en el transformador de electricidad ( y que yo tenía que asustar), bandadas de pájaros negros que esperaban mi menor distracción para comerse los maíces recién germinados o las mazorcas que empezaban a madurar. Conviví con insectos inclasificables, serpientes amistosas, ratones que elegían vivir en el mismo lugar que  mi ropa de noche y sapos que croaban a todo volumen durante la época de lluvias.

Vegetariana desde los seis años de edad, interesada en la poesía desde los ocho, intrigada por la espiritualidad desde los diez años,  no es de extrañar que pasado el tiempo descubriera en la lectura y escritura de haikus, un camino para despertar. Cuántas veces leí sin entender la manida frase de “aquí y ahora”. Como soy ansiosa, me era imposible capturarla, y mucho menos aplicarla. Luego me di cuenta de que cada vez que sostenía una taza de té en mis manos y miraba por la ventana, y los colores parecían más vívidos y los olores más intensos, una peculiar paz me encontraba y se quedaba ese rato conmigo. Pasaba lo mismo al escribir textos cronometrados, al “dejarme ir” bailando un tango, pero sobre todo, al encontrar un lugar para sembrar un haiku.

@Otramaria es Carmen María Hergos, escritora contagiosa (vaya que lo es), colaboradora esencial de #ClubSeis y maestra y socia de proyectos y juglarías literarias. Este post pertenece a su blog Difícil de Juglar (post original aquí) pero si buscan sus Creaciones vayan aquí, o por Chocoaventuras por aquí.

De la misma autora en este blog:

Tips juglarosos para Clubseisear.

Haikus Pre-primaverales por @Otramaria.

Escribir es saludable, por @Otramaria. 

Hoy escribe @Otramaria: Si lees, ¿te la crees?

Escribir con el lado derecho del cerebro, por @Otramaria

¿Cómo hacer que funcione un cuento? 

Desaprender la poesía. 

Para darnos a entender: concordancia.

Ejersucio: Poemas útiles.

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Decálogo del minificcionista

febrero 3, 2012 in Hoy escribe:, Pinceladas de Creatividad

Por Tania Hernández A.

El año pasado con motivo de mi participación en Caza de Letras, hice un decálogo dedicado al escritor de minificciones.

Lo comparto, a ver qué les parece.

I

La minificción debe ser un disparo que atraviese al lector.

II

Que no te asuste la brevedad. Escribe poco pero claro, di las cosas como son y no des rodeos.

III

No abuses del número de personajes, uno o dos son suficientes, lo demás es multitud.

IV

Que no te traicionen tus títulos. Deben aportar a la historia y ser breves, de nada sirve si hacen evidente el clímax o el final.

V

Que el lector sea tu cómplice. Ocupa de él sus referencias, sus conocimientos previos y sin que lo note haz que construya contigo la historia.

VI

No engañes al lector, jamás te lo perdonará.

VII

Inventa lo imposible respetando la verosimilitud.

VIII

Tu mayor herramienta es la imaginación. Tanto para crear la historia, como para decidir el engranaje de cada palabra y signo de puntuación.

IX

Las palabras tienen más de un significado, que esto sea una ventaja.

X

Haz un homenaje a la inmensidad contando algo pequeño.

(El pilón)

XI.

Escribe siempre tengas ganas o no. Sólo recuerda que en cada palabra va un pedazo de ti mismo

Tania Hernández A.

Twitter: @taniahernandeza

Fuente: Buscando las incopelusas. Post original aquí.

Leer los bocadillos de Tania:

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Ejersucio: poemas útiles

febrero 2, 2012 in Hoy escribe:, Juglemos en ClubSeis, Pinceladas de Creatividad

Por @Otramaria **

Este poema me lo saqué de la manga:
eran las cinco de la tarde,
mi sombrero de mago
estaba lejos,
mi cajón de cachivaches también.

Yo tenía sueño a la mitad del invierno
y las almohadas parecían
colinas lejanas y se veían frías.
y hasta ojerosas.

Había tomado un té de mentiritas
muy caliente
y el libro que fingía leer
se aburrió de mí.

Así que tomé un bolígrafo
y me corté las venas,
únicamente las azules,
para despejar el camino
y llegar hasta el centro.

Un títere también alberga algo
semejante al miedo
donde parece que hay vacío.

Yo me lo saqué por la manga
hecho  bolita, y lo desarrugué.
A continuación escribí ahí un poema:
este, y ahora lo arrugaré de nuevo,
amarrándole alrededor las venas desatadas
con la esperanza
de que lata dentro de mí
como una estrella friolenta.

Por eso escribí este poema,
porque necesitaba
una ración de poesía
en el vacío rellenable
de mi corazón.

Lúdico nos ha mostrado un ejemplo de poema útil, y tú…¿si pudieras crear un poema para solucionar algún problema, cómo sería? Todos necesitamos diariamente palabras mágicas: para dormir a los niños inquietos, para invocar al tiempo cuando un libro nos espera en la mesita de noche, cuando hace frío y las mantas no son suficentes. Hacen falta palabras mágicas para espantar al aburrimiento, para cambiar la rueda pinchada del coche, para hacer la comida cuando nos corre prisa, para dejar las alfombras como nuevas, para que la contabilidad nos parezca apasionante. Hacen falta palabras mágicas para tantas cosas…

¿Cómo sería tu poema útil? Viviana Hinojosa nos muestra un ejemplo:

Voy a escribir un poema útil, uno que tenga fines prácticos y aporte, un poema útil, sin grandilocuencias. Será el poema de todos, el de cabecera, para gritarse en tiempos de verdadera tempestad o de absoluta calma. Antídoto contra el insomnio y los malos sueños, para los deshauciados de sí mismos y de los doctores y las ganas repentinas de llorar. El poema, el imprescindible, el cotidiano poema de todos los días, el multiusos, el que cierre las heridas, las grandes y las terribles. Un poema pomada del tigre, un poema tepezcohuite, un poema útil, al alcance del desconsuelo.

@Otramaria es Carmen María Hergos, escritora contagiosa (vaya que lo es), colaboradora esencial de #ClubSeis y maestra y socia de proyectos y juglarías literarias. Este post pertenece a su blog Difícil de Juglar (post original aquí) pero si buscan sus Creaciones vayan aquí, o por Chocoaventuras por aquí.

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Tips juglarosos para Clubseisear.

Haikus Pre-primaverales por @Otramaria.

Escribir es saludable, por @Otramaria. 

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Escribir con el lado derecho del cerebro, por @Otramaria

¿Cómo hacer que funcione un cuento? 

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Un cuento de Cesar Aira: El Carrito

febrero 1, 2012 in Escritores argentinos, Hoy escribe:, Pinceladas de Creatividad

Uno de los carritos de un gran supermercado del barrio donde yo vivía rodaba solo, sin que nadie lo empujara. Era un carrito igual que todos los otros: de alambre grueso, con cuatro rueditas de goma (las de adelante un poco más juntas que las de atrás, lo que le daba su forma característica) y un caño cubierto de plástico rojo brillante desde el que se lo manejaba. Tan igual era a todos los demás que no se lo distinguía por nada. Era un supermercado enorme, el más grande del barrio, y el más concurrido, así que tenía más de doscientos carritos. Pero el que digo era el único que se movía por sí mismo. Lo hacía con infinita discreción: en el vértigo que dominaba el establecimiento desde que abría hasta que cerraba, y no hablemos de las horas pico, su movimiento pasaba inadvertido. Lo usaban como a todos los demás, lo cargaban de comida, bebidas y artículos de limpieza, lo descargaban en las cajas, lo empujaban de prisa de góndola en góndola, y si en algún momento lo soltaban y lo veían deslizarse un milímetro o dos, creían que era por la inercia.
Solamente de noche, en la calma tan extraña de ese lugar atareadísimo, se hacía perceptible el prodigio, pero no había nadie para admirarlo. Apenas si de vez en cuando algún repositor, de los que empezaban su trabajo al amanecer, se sorprendía de encontrarlo perdido allá en el fondo, junto a la heladera de los supercongelados o entre las oscuras estanterías de los vinos. Y suponían, naturalmente, que se lo habían dejado olvidado allí la noche anterior. El super era tan grande y laberíntico que no tenía nada de raro, ese olvido. Si en esa ocasión, al encontrarlo, lo veían avanzar, y si es que notaban ese avance, que eran tan poco notable como el del minutero de un reloj, se lo explicaban pensando en un desnivel del piso o en una corriente de aire.
En realidad, el carrito se había pasado la noche dando vueltas por los pasillos entre las góndolas, lento y silencioso como un astro, sin tropezar nunca, y sin detenerse. Recorría su dominio, misterioso, inexplicable, su esencia milagrosa disimulada en la trivialidad de un carrito de supermercado como todos.
Tanto los empleados como los clientes estaban demasiado ocupados para apreciar este fenómeno secreto, que por lo demás no afectaba a nadie ni a nada. Yo fui el único en descubrirlo, creo. O más bien, estoy seguro: la atención es un bien escaso entre los humanos, y en este asunto se necesitaba mucha. No se lo dije a nadie, porque se parecía demasiado a una de esas fantasías que se me suelen ocurrir, que me han hecho fama de loco. De tantos años de ir a hacer las compras a ese lugar, aprendí a reconocerlo, a mi carrito, por una pequeña muesca que tenía en la barra; salvo que no tenía que mirar la muesca, porque ya de lejos algo me indicaba que era él. Un soplo de alegría y confianza me recorría al identificarlo.
Lo consideraba una especie de amigo, un objeto amigo, quizás porque en la naturaleza inerte de la cosa el carrito había incorporado ese temblor mínimo de vida a partir del cual todas las fantasías se hacían posibles. Quizás, en un rincón de mi subconciente, le estaba agradecido por su diferencia con todos los demás carritos del mundo civilizado, y por habérmela revelado a mí y a nadie más. Me gustaba imaginármelo en la soledad y el silencio de la medianoche, rodando lentísimo en la penumbra, como un pequeño barco agujereado que partía en busca de aventuras, de conocimiento, de amor (¿por qué no?). ¿Pero qué iba a encontrar, en ese banal paisaje, que era todo su mundo, de lácteos y verduras y fideos y gaseosas y latas de arvejas?
Y aún así no perdía la esperanza, y reanudaba sus navegaciones, o mejor dicho no las interrumpía nunca, como el que sabe que todo es en vano y aun así insiste. Insiste porque confía en la transformación de la vulgaridad cotidiana en sueño y portento. Creo que me identificaba con él, y creo que por esa identificación lo había descubierto. Es paradójico, pero yo que me siento tan lejos y tan distinto de mis colegas escritores, me sentía cerca de un carrito de supermercado. Hasta nuestras respectivas técnicas se parecían: el avance imperceptible que lleva lejos, la restricción a un horizonte limitado, la temática urbana. Él lo hacía mejor: era más secreto, más radical, más desinteresado.
Con estos antecedentes, podrá imaginarse mi sorpresa cuando lo oí hablar, o, para ser más preciso, cuando oí lo que dijo. Habría esperado cualquier cosa antes que su declaración. Sus palabras me atravesaron como una lanza de hielo y me hicieron reconsiderar toda la situación, empezando por la simpatía que me unía al carrito, y hasta la simpatía que me unía a mí mismo, o más en general la simpatía por el milagro.
El hecho de que hablara no me sorprendió en sí mismo, porque lo esperaba. De pronto sentí que nuestra relación había madurado hasta el nivel del signo lingüístico. Supe que había llegado el momento de que me dijera algo (por ejemplo que me admiraba y me quería y que estaba de mi parte), y me incliné a su lado simulando atarme los cordones de los zapatos, de modo de poner la oreja contra el enrejado de alambre de su costado, y entonces pude oír su voz, en un susurro que venía del reverso del mundo y aun así sonaba perfectamente claro y articulado:
–Yo soy el Mal.

César Aira

 

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Los finales abiertos no son finales

enero 31, 2012 in Hoy escribe:, Novedades en las letras

Por Zilniya

“Se termina la temporada con un final abierto“, habréis oído por enésima vez cuando hacen publicidad de vuestra serie favorita (sea de TV, Internet, serie de novelas, etc.). La actual moda de dejar series y novelas con un supuesto “final” inconcluso, en que no se descubre el misterio, no se sabe que decisión tomará el protagonista, si se atrapará o no al malo, etc. ha convertido a este clásico recurso literario en un temido enemigo de los amantes de las historias con principio y conclusión. Pero el quid de la cuestión es:

¿Qué es realmente un final abierto?

Originalmente, el “final abierto” no era más que un recurso para enganchar al lector/espectador auna historia lo bastante larga como para ser planteada en varios capítulos/episodios. Un “continuará” para ser más exactos. Explotar la curiosidad del lector/televidente para mantener latente su expectación en pos de la próxima entrega. Dejarles con la miel en la boca.

Pero ¿qué ha pasado ahora? En el mercado de las novelas y los guiones, ya no basta con creer tener una historia completa para reproducirla en su totalidad: falta de presupuesto, baja audiencia, un guión demasiado enrevesado, “hartura” del autor en continuar una historia para la cual no preveyó una conclusión a tiempo… En definitiva, historias que se quedan a medias. Y para salvar la ocasión, se comenzó a usar como eufemismo el “final abierto”.

Recursos literarios, sin abusar

No estoy en contra de los finales abiertos en sí, no se me malinterprete. Puede ser un recurso útil en microrrelatos (brevez obligada y finales sorpresa), historias de miedo (¿hay o no hay fantasma?, la duda aterra…) y alguna que otra historia de ciencia-ficción (aún quedan misterios a descubrir por la humanidad). Varios autores juegan con la posibilidad de libre interpretación de un final abierto para impulsar al público a meditar en las consecuencias por sí mismos.

En definitiva, lo que me parece exasperante es no el uso, sinó el abuso. No tendré que hacerme la “perdida” para poner ejemplos de desilusionantes finales abiertos después de estar día tras día, semana tras semana, para saber al fin el qué-cuándo-dónde-cómo-porqué de todo el calvario que pasaron esos personajes con los que uno empatizó. Porque andar el camino en sí es agradable, pero no llegar a ninguna parte es frustrante. Y lo que me ha llevado a ser muy reticente a la hora de querer seguir series largas.

Musas al borde de un ataque de nervios

Con lo difícil que es encaminar un historia propia y original, sólo faltaba que la musa te apuñale a traición diciendo que “así y así tuvo que acabar esa otra historia que andábamos viendo o creo que esto se debió a aquello o, no, cámbialo, podría ser por lo de más allá, pero qué más da porque no es oficial…” Eso es lo más trabajoso de este tipo de musas, que quieren terminar el trabajo que dejaron otros a medias. Si no os lo creéis, preguntad a cualquiera que haya escrito (o deseado escribir) un fanfiction.

*Otros puntos de vista interesantes sobre los finales abiertos:

Pere Calders, considerado uno de los mejores cuentistas de la literatura catalana, abogaba por los finales abiertos (…). “Si acepta el juego, siempre le quedará un desafío después de la lectura, una invitación a pensar en soluciones por cuenta propia que le permitan adaptar las salidas a sus preferencias personales. El cuento es un magnífico instrumento para este ejercicio mental. Considero que es conveniente tenerlo presente a la hora de abrir cualquier libro de narraciones breves”, expresaba Calders.

“¿El final abierto o final cerrado en el cuento?” en Escribirparapublicar

Pero la importancia del desenlace en la estructura del cuento no reside únicamente en cerrar o dejar abierta y en suspense la acción, sino también en satisfacer las expectativas del lector “haciéndole sentir que valía la pena consumir el tiempo en la lectura”[21]. La crítica considera que la mejor manera de llenar las expectativas del lector es a través de un desenlace sorprendente, cuyo objetivo primordial es dar una nueva dimensión al relato, mediante una agravación inesperada y definitiva del conflicto desarrollado en el relato para que éste se grabe en la memoria del lector y llegue a lo más hondo de su sensibilidad. Enrique Anderson Imbert considera que un desenlace es sorprendente “cuando con un truco el narrador engaña al lector y en los últimos renglones lo desengaña con una salida inesperada[22].

Revista Espéculo, número 31

¿Y tú qué prefieres? ¿Cerrado o abierto?

Fuente: Ecologismo Literario. Post original aquí.

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Cantar y escribir

enero 30, 2012 in Bocadillos, Hoy escribe:, Pinceladas de Creatividad

Un Bocadillo de Tania Hernández A.

¿Cantan? ¿En la regadera, en el transporte público, en la calle solitaria? Tal vez lo hagan ante un público familiar o en la soledad de su habitación. A lo mejor no cantan nunca. Pero, traer la música por dentro, como dicen acá en México, y por fuera, seguro puede ayudarnos a escribir.
Se piensa que los escritores o los artistas en general son más bien ensimismados, con serios problemas para tratar a la gente y con el ego tan inflado que donde se sientan sólo caben ellos, pero la mayoría de los que yo conozco no son así. Puede ser que esa manera de verlos sea sólo un cliché y como tal no debemos creerlo, o a lo mejor es cierto.
En caso de serlo, tal vez la recomendación de cantar en la calle no sea del todo acertada, pero no me podrán negar que estar en contacto con la música puede servirnos para escribir.
A qué me refiero, simplemente a disfrutar de los acordes de distintos instrumentos, oír sus ritmos, lo que nos producen en el cuerpo. ¿Llanto, risa, indiferencia, miedo, angustia, todas las emociones a la vez?
Descubrir lo que sentimos y cómo lo hacemos puede facilitarnos la creación de emociones en nuestros textos, aunque no sólo eso, puede ayudarnos a cargar nuestra literatura de musicalidad.
Para eso también está la poesía, la verdadera poesía que nos hace estremecernos, sonreír, sorprendernos, llorar o enojarnos. ¿Han leído poesía en voz alta? Parece que uno canta, que uno vuela.
¿Han leído literatura infantil? La mayoría también es musical. Va y viene jugando con las letras, haciendo frases inolvidables y que al contarlas se vuelven canciones.
Si nos podemos acercar a la música y pedirle prestados sus acordes para escuchar de otra manera nuestros textos, estaremos en pos de la belleza, del manejo contagioso de las palabras y su brillo natural. Eso sí, cuidado con qué música nos juntamos, nadie quiere que nos perdamos en el estruendo de lo pre fabricado. ¿O sí?

Tania Hernández A.

Twitter: @taniahernandeza

Blog: Buscando las incopelusas.

Otros bocadillos de Tania:

La imagen (obviamente) es la de Gene Kelly “Cantando bajo la lluvia” (1952).
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Todo, un poema de @MagaViajera

enero 26, 2012 in Hoy escribe:, Pinceladas de Creatividad

Tus palabras me llevarían al silencio
del grito profundo, que pide
callar urgencias postergables,
porque le urge ser escuchado.
Y, cuando tu paz llamó a la mía,
la descubrió sorda, tras años
perdida de reclamo alguno.
La belleza del silencio
cubierto de noche profunda,
ajeno a la muerte
a la que llaman vida.
La felicidad de ser, simplemente,
en un plato de comida
y en la lana sobre el cuerpo.
Cuando, quitándome el aliento,
me enseñaste a respirar
mi alma te besó.
Fue el día en que, no esperando nada,
me lo diste todo.

Maga Viajera es Gabriela Collado

 

Fuente: Causa y Efecto. Post original aquí.

De la misma autora en este blog:

Algún día

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Planear

enero 14, 2012 in Bocadillos, Hoy escribe:, Pinceladas de Creatividad


Un Bocadillo de Tania Hernández A.

A veces no sólo basta con tener la intención o las ganas de escribir, también se necesita saber qué queremos escribir y hacia dónde va eso que nos está moviendo creativamente, es decir: planear.
Posiblemente algunos me podrán decir que tienen la posibilidad de escribir una novela entera sin guía alguna y sólo con la intuición que el momento les va sugiriendo, les creo, siempre y cuando la experiencia les anteceda.
Pero, si no han llevado a cabo proyecto alguno y están iniciando, la mejor recomendación es planear. Y me refiero iniciando en el sentido profesional, seguramente muchos escribimos desde niños o adolescentes.
Porque una cosa es hacer breves poemas para el novio que se fue o cuentos que nos ayudan a liberar emociones y otra crear una serie de cuentos o poemas para un concurso o para enviarlo a alguna editorial con miras a su publicación.
Tener el control nos facilita el trabajo, pero también nos vacuna contra los posibles errores que un descuido u olvido podrían hacerle a nuestro proyecto.
Debo confesar que yo era de esas líricas escritoras que, a la menor provocación y cuando un tema me incendiaba, me sentaba sin mayor preparación a soltar lo que traía pensando siempre que todo servía, pero cuando el motivo se agotaba las historias también.
Dejé incluso cuentos a medias por no conocer a mis personajes, quienes inevitablemente eran sólo un reflejo mío. Sin saber cómo podían reaccionar o qué circunstancias los harían cambiar, las historias se quedaban truncas o eran simplemente todas parecidas.
De ahí que sea importante la planeación. Ahora traigo entre manos un guión de largometraje. Derivado de que la extensión es mucha para algo a lo que estoy acostumbrada que es a escribir minificciones es que noté la necesidad de planear.
Lo empiezo a hacer, delinear los personajes, su pasado, su presente, sus anhelos, sus fobias, sus sueños. No es fácil, todo tiene que ser congruente con su carácter y con la historia misma.
Tal vez lo más tardado vaya a ser la planeación, definir los escenarios, construir a los personajes y darle un esquema al propio guión, con inicio, final y clímax, sin embargo con esto definido escribir será pan comido. ¿Será?

Tania Hernández A.

Twitter: @taniahernandeza

Blog: Buscando las incopelusas.

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Descubriendo emociones con la escritura

enero 6, 2012 in Bocadillos, Hoy escribe:, Pinceladas de Creatividad, Uncategorized

Un Bocadillo de Tania Hernández A.

Escribir es una manera de manifestar no sólo hechos, sino también emociones que la mayor parte de las veces se nos escapan de las manos. Cuántas ocasiones se han descubierto enojados o felices. ¿Se han preguntado por qué?
A veces los motivos son evidentes, pero en otras ocasiones por más que le demos vueltas al asunto no sabemos por qué nos encontramos tan enojados y estallamos a la menor provocación.
Ahí es cuando escribir resulta una herramienta fundamental para externar lo que adentro revolotea y nos inquieta. Hace unos días me pasó, después de preguntarme muchas veces qué me pasaba y por qué me sentía tan iracunda, sin ni siquiera pensarlo, en un momento libre, tomé mi pluma y me puse a escribir, sin pensar, sin detenerme.
Escribí todo lo que se me venía a la cabeza, cualquier cosa, sin regresarme a leer a ver si estaba bien escrito o a revisar las comas. Simplemente me vacié.
Al terminar me sorprendía. Descubrí la razón de mi molestia, motivo que estaba tan escondido que se me escapaba para resolverlo. Por eso es que escribir tiene magia.
No importa si lo tuyo es la administración de empresas o la ingeniería, escribir siempre es un motivo de alegría, pero sobre todo de confrontación con nuestras creencias y con lo que somos.
Sencilla herramienta que nos conduce por caminos emocionales que desconocemos o que habíamos olvidado.
Seguramente por eso, las novelas, los cuentos, las minificciones son tan intensas y nos involucran de manera tan especial con los personajes y sus situaciones, porque van cargadas las emociones del autor.
Porque es innegable que la escritura como forma artística rete al espectador a cuestionarse, a reinventarse. Ahora, que no hará si esa escritura es personal, íntima y reveladora.
Habrá que darse la oportunidad de descubrir qué conocimiento profundo de nosotros mismos nos regala la escritura. Por eso, escriban.

Tania Hernández A.

Twitter: @taniahernandeza

Blog: Buscando las incopelusas.

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