Subí al Subte en la estación Congreso, me senté al lado de un niño de aproximadamente diez años, era un vendedor ambulante. Me preguntó por qué el tren de enfrente no salía, le expliqué que seguramente saldría con posterioridad al nuestro.
Le pregunté si iba a la escuela. No hace falta me dijo, sé leer. Se paró y ensayó con orgullo y dificultad leer los carteles luminosos del vagón.
Me pidió una moneda.
Le dije que no tenía.
Se abalanzó sobre mí.
Me asusté.
Me dio un sonoro beso en la mejilla. Y no fue a cambio de una moneda.
Autora: Lidia Cabrera (Buenos Aires)
De la misma autora en este blog:
Un microrrelato de Lidia Cabrera: Diferencias.
Un microrrelato de Lidia Cabrera: El Amigo del Aire.
Un cuento de cien palabras: Un oficio de alto vuelo.
Juan amaba la soledad. Se refugiaba en ella para encontrar “su paraíso perdido”. Alguna vez había estado con alguien, pero ahora se encontraba solo y disfrutaba de ello. Le gustaba leer los clásicos mientras escuchaba música. Practicaba el deporte de escribir cuentos en su computadora portátil mientras soñaba. Odiaba que lo interrumpieran en sus ensoñaciones, pero secretamente esperaba que la oportunidad golpeara a su puerta. De repente se produjo: un golpe, dos, tres… ¿Sería la oportunidad? Se levantó de un salto y abrió. Era Alicia, su vecina, quien le extendió una taza mientras decía: “¿Me prestas un poco de azúcar?”
Autor: Héctor A. Faga (Buenos Aires)
Twitter: @Hacheaefe
Blog: Un nuevo blog de hacheaefe
Del mismo autor en este blog:
Un cuento de cien palabras: Las medialunas y el café (cuento de un enamorado triste)
Estaba sentado en una mesa del bar frente a una ventana. Recién había terminado su tercer café y su décima medialuna, que pidiera en tandas de a dos. La vio pasar por la vereda de enfrente y sintió el deseo irrefrenable de salir a su encuentro. Secretamente, la amaba, pero ella no lo sabía. De repente vio que se encontraba con un hombre bastante más joven que él mismo. Se abrazaron con alegría y se besaron con pasión. Entonces él supo que todo estaba perdido. Miró hacia adentro y dirigiéndose al mozo le dijo: “Mozo, otro café con dos medialunas”.
Autor: Héctor A. Faga (Buenos Aires)
Twitter: @Hacheaefe
Blog: Un nuevo blog de hacheaefe
A veces me siento sola. Estaba en el pequeño jardín de mi casa, un poco apesadumbrada, cuando de pronto apareció el colibrí. Recorrió todo el espacio, visitó el hibisco, luego el jazmín, descansó un momento y de golpe se colocó enfrente de mi cara, agitando sus alas, me miró fijamente a los ojos, cómo si esa criatura hubiera percibido la pena de mi corazón. No puedo explicar la emoción que sentí, mis ojos se llenaron de lágrimas. Ahí me di cuenta que nunca voy a estar sola, que siempre hay un amigo esperando para encontrarnos, como mi amigo del aire.
Lidia Beatriz Cabrera (Argentina)
De la misma autora en este blog:
Un microrrelato de Lidia Cabrera: Diferencias.






