Por Carmen María Hergos
La verosimilitud en el relato
Esté basado o no en un hecho real, sea fantástico, pura ficción o un texto autobiográfico, un escrito tiene que funcionar. El lector necesita poder identificarse con él, sentir que tiene algo en común con lo que escribimos para emocionarse, o indignarse o sentirse de alguna manera tocado por el contenido.
¿Qué hace falta para lograr esto: que nuestras narraciones tengan verosimilitud?
1. Personajes con características humanas. Nuestra historia puede estar ambientada en un mundo mágico totalmente ficticio, como en la historia de Harry Potter, pero si los personajes por muy mágicos que sean son capaces de cometer errores, enamorase y aprender, entonces cualquier adolescente o adulto que recuerde su adolescencia puede identificarse con ello.
2. Elementos tangibles. ¿Por qué hay tan poca gente que se identifique con la poesía? Porque generalmente es muy abstracta. Las palabras “amor” infinito” “ausencia” “miedo” son abstractas, no podríamos hacer un dibujo fácilmente de ellas. En un
relato necesitamos poner ejemplos de cómo es el miedo, cómo se vive la ausencia, qué actos representan el amor. “Mario rellenaba mi taza de café, mirándome con ojos alegres y humedecidos de la emoción” refleja más el amor que decir: “Mario me quería”.
3. Lógica interna. ¿Alguna vez sorprendieron a alguien en la mentira, porque su historia no tenía lógica? Existen varios tipos de lógica: la lógica del tiempo, la lógica de los lugares. La lógica de los acontecimientos. Es lógico que primero tengo que estirar el brazo y luego tomar el vaso. Es lógico que si ayer fue martes hoy sea miércoles y es lógico que para estar dentro de un lugar tengo que pasar por la puerta. (O entrar por la ventana).
Para ejercitar la verosimilutud en la ficción
Escribe una historia que sea totalmente mentira, haciendo lo imposible para que el lector la considere fidedigna. Puedes iniciar con la frase: Lo que quiero contarte es…
¡A juglar se ha dicho!
@Otramaria es Carmen María Hergos, escritora contagiosa (vaya que lo es), colaboradora esencial de #ClubSeis y maestra y socia de proyectos y juglarías literarias. Este post pertenece a su blog Difícil de Juglar (post original aquí) pero si buscan sus Creaciones vayan aquí, o por Chocoaventuras por aquí.
De la misma autora en este blog:
Tres Cuentuitos de Carmen María.
Un Bocadillo de Tania Hernández A.
Para escribir historias, como en la vida misma, solo se requiere de un salto de fe.
Muchos dejamos de escribir porque en el fondo de nuestro corazón sentimos que no servimos para eso, que ya existen muchos buenos escritores y que nuestras letras no harán falta.
Pero, eso no es cierto, porque nos hacen falta a nosotros. Escribimos lo que miramos, lo que sentimos y con ello definimos nuestro particular punto de vista, pero también nos vaciamos, nos liberamos. Poco nos detenemos a pensar en ello, porque los miedos nos atrapan.
¿Y si es malo lo que escribo? Basta con que la pregunta nos ronde cerquita de la oreja para que abandonemos la travesía de escribir.
Es más fácil abandonar todo, que arriesgarnos a enfrentarnos a nosotros mismos, porque no me pueden negar que escribir es encontrarnos con nuestro interior y por ello inevitablemente con nuestros miedos.
El caso es que solo tenemos una manera de comprobar si lo que escribimos sirve o no, y ese modo es escribir.
Sí, así, inevitablemente la única manera de curarnos del mal es con el mal mismo, aunque para mi gusto es mejor dicho un bien.
No solo se trata de estar atentos si les gusta a los demás o no, se trata de algo más. Se trata de un modo de vida, en el que todo lo que está a nuestro alrededor se vuelve un motivo o un pretexto para escribir una historia pequeñita o una novela entera.
Se trata de dejar fluir a nuestro ser escritor y pedirle que nos mantenga vivos, cómo: escribiendo.
Ese acto tan sencillo y tan sublime que no debería dejar de acompañarnos, aunque caigamos en la desesperación y el miedo.
Habría que tomarse entonces unos minutos, revisar si estamos escribiendo lo suficiente, saber dónde estamos atorados y hurgar muy dentro para conocer nuestras razones, porque para atacar nuestros males hay que saber de dónde vienen.
Luego cambiar de actitud y luchar con todas nuestras fuerzas para poder hacer lo único que necesitamos para recomenzar a escribir, dar un salto de fe, sabiendo que aunque caigamos al vacío estaremos a salvo, así como en la vida misma.
Porque para crear primero hay que creer en nosotros, ¿o no?
Tania Hernández A.
Twitter: @taniahernandeza
Blog: Buscando las incopelusas.
Otros bocadillos de Tania:
¿Escritores que tuitean o tuiteros que escriben?


